¿Te planteas emprender junto a una o varias personas? ¿Vais a compartir tanto las tareas como la gestión? En ese caso, la cooperativa de trabajo asociado puede ser una buena alternativa para vuestro proyecto.
No es una forma jurídica más. Es una manera diferente de entender el negocio, donde las decisiones se toman democráticamente y se comparten tanto el trabajo como los resultados.
Aquí las personas no son un recurso más. Son el centro del proyecto. Y la empresa no pertenece a una sola persona. Pertenece a todas las personas socias que trabajan en ella.
El germen del modelo: emprender en compañía
Obviamente, la cooperativa no es una opción para «lobos solitarios». Se trata de montar el proyecto en equipo con personas con la misma visión y valores, que están dispuestas a trabajar en la misma dirección y que quieren construirlo de forma conjunta.
No es simplemente asociarse. Es comprometerse en igualdad.
Y tampoco hace falta ser multitud. Depende de cada comunidad autónoma, pero en Euskadi o Navarra, por ejemplo, es posible poner en marcha cooperativas pequeñas con sólo dos personas socias.
Una persona, un voto
Esta es la regla que marca la diferencia: una persona socia, un voto.
No importa quién haya aportado más capital. No importa quién tenga más experiencia o quién llegó primero. En una cooperativa, cada persona socia tiene exactamente el mismo peso en las decisiones. Todas las voces cuentan por igual. Es democracia empresarial en su sentido más puro.
Y cuando cada persona sabe que su opinión tiene el mismo valor que la del resto, la implicación con el proyecto cambia por completo. Porque no trabajas para el proyecto de otras personas. Estás construyendo algo que también es tuyo.
Esto genera un nivel de compromiso difícil de replicar en otros modelos: el que surge cuando cada persona se siente parte real del proyecto.
Por qué fiscalmente también compensa
Además de ser un modelo más participativo, las cooperativas cuentan con ventajas fiscales concretas que marcan la diferencia desde el primer día.
Para empezar, las cooperativas protegidas (y se supone que al principio todas lo son, siempre que cumplan lo dispuesto en la ley de cooperativas de la comunidad autónoma correspondiente) están exentas del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales en su constitución, en las ampliaciones de capital, en las fusiones y en las escisiones. Es un ahorro real que se nota en el minuto cero.
Por otro lado, este tipo de cooperativas cuentan con un tratamiento específico del Impuesto de Sociedades. En el caso concreto del País Vasco, las cooperativas protegidas tributan sus resultados cooperativos al 20% (18% si son cooperativas de pequeña dimensión), mientras que en Navarra lo hacen al 17%.
Además, las personas socias trabajadoras pueden optar por cotizar a la Seguridad Social bien en el régimen general o bien como autónomos (RETA). Eso sí: no es una decisión individual, sino colectiva. Se elige como proyecto, no como persona aislada. Y esa elección afecta a todas las personas socias trabajadoras.
Asimismo, las cooperativas suelen contar con un mayor número de programas específicos de ayudas públicas a las que optar, tanto a nivel estatal como autonómico.
Porque no es cuestión solo de participar en las decisiones. Se trata también de construir un proyecto viable y sostenible.
Más resistencia cuando llegan las crisis
Cuando quienes trabajan son quienes deciden y participan en los resultados, la relación con el negocio deja de ser transaccional. No es solo un empleo. Es un proyecto compartido.
Y eso cambia la forma de reaccionar ante las dificultades. Las decisiones no se toman desde fuera del equipo. Se toman desde dentro. Eso hace que las medidas que se adoptan busquen preservar el negocio y al equipo en el largo plazo.
Las crisis no desaparecen. Pero se afrontan colectivamente. Y cuando quienes sostienen el proyecto son quienes deciden, la capacidad de resistencia es mayor.
Una alternativa cada vez más relevante
En resumen, una cooperativa de trabajo asociado es una alianza de personas que se unen para desarrollar una actividad empresarial compartiendo la propiedad, la gestión y los beneficios. Esos son los pilares: participación, igualdad y trabajo conjunto. Nada más. Y nada menos.
Por eso, en un contexto donde cada vez más profesionales buscan proyectos con propósito y donde el impacto de lo que se hace importa, el modelo cooperativo cobra especial sentido. No es casualidad que se encuadre dentro de la economía social.
¿Funciona para cualquier caso? No. Si buscas el control absoluto de las decisiones, claramente no es una opción adecuada para tu negocio.
Pero si te estás planteando emprender con otras personas, si te resulta atractiva la idea de decidir en equipo y de construir algo compartido, puede ser la mejor alternativa.
Porque emprender no tiene por qué ser un camino solitario. A veces, la mejor decisión es rodearse de personas que trabajan con la misma intensidad y comparten el mismo compromiso en levantar y hacer crecer la empresa.
Y eso, en una cooperativa, no es la excepción. Es la norma.
Acompañamiento en decisiones que importan
Si estáis valorando emprender en equipo, en Gaztenpresa podemos ayudaros a estudiar vuestra idea, analizar la forma jurídica más adecuada y acompañaros en todo el proceso de creación.
Y si ya tenéis un negocio en marcha y estáis planteándoos evolucionar hacia un modelo más participativo, también contamos con un programa específico para transformar empresas existentes en cooperativas.
Sea cual sea vuestro punto de partida, os ayudaremos a dar el siguiente paso.